- Reacciones alérgicas a alimentos, medicamentos o productos químicos.
- Infecciones bacterianas, virales o fúngicas.
- Enfermedades autoinmunes.
- Estrés emocional prolongado.
- Cambios hormonales o climáticos
- Falta de higiene o exceso de humedad en la piel.
Consejos para prevenir y tratar las erupciones
- Mantén tu piel limpia e hidratada , especialmente en las zonas sensibles.
- Evite el contacto con irritantes o alérgenos conocidos .
- Use ropa cómoda de algodón que permita que su piel respire.
- No rasque ni frote las áreas afectadas , ya que esto puede empeorar la condición o causar infecciones.
- Consulte a un dermatólogo si la erupción no mejora en unos pocos días, se propaga o produce fiebre.
- Aplicar compresas frías o cremas específicas según recomendación de un profesional.
- Realice un seguimiento de los nuevos alimentos o productos que utiliza para identificar posibles desencadenantes.
Identificar a tiempo el tipo de sarpullido y su causa es fundamental para recibir el tratamiento adecuado. No ignores lo que tu piel intenta comunicarte: suele ser un reflejo de lo que ocurre en tu cuerpo.