En mi blog, suelo analizar una imagen que ilustra la evolución inversa de la mujer en el matrimonio. Estas palabras, atribuidas a la villana Cruella, suenan como una advertencia: el matrimonio ha perjudicado a las mujeres más que el hambre y los desastres naturales. Si bien los autores utilizan esta imagen para enfatizar la crueldad de la heroína, en realidad, estas palabras se han convertido en una guía para muchas personas que luchan contra el sufrimiento de matrimonios infelices o que temen padecerlo.
Tengo dos opiniones sobre tales afirmaciones. Por un lado, muchas mujeres se enfrentan a problemas similares en sus matrimonios. Por otro lado, no creo que sea justo culpar a alguien por inventar conceptos o fenómenos. En mi opinión, lo que arruina a una mujer no es el matrimonio en sí, sino ciertos aspectos del mismo que pueden usarse en su contra.
1. Crítica
Si bien la retroalimentación constructiva es fundamental en cualquier relación, la crítica constante no lo es.
Cuando se culpa repetidamente a una mujer —por cómo se viste, cocina, habla o incluso cómo se cuida a sí misma—, esto afecta su autoestima. Resulta especialmente doloroso cuando la crítica proviene de alguien de quien espera apoyo incondicional.
Con el tiempo, lo que pudo haber comenzado como comentarios esporádicos puede convertirse en un ataque constante a su identidad. Puede empezar a cuestionar su autoestima, a callar y a retraerse emocionalmente, no porque no le importe, sino porque ya no se siente segura expresándose.
Qué hacer en su lugar: La comunicación constructiva debe surgir del amor, no del juicio. Céntrate en frases en primera persona (“Me siento herido/a cuando…”) y destaca las cualidades positivas con la misma frecuencia con que reconoces las preocupaciones.