La apariencia engañosa es su arma más peligrosa
Lo curioso —y al mismo tiempo inquietante— es que los tumores de piel más agresivos no se ven como uno imagina. No siempre son lunares negros, feos o irregulares, como aparecen en las imágenes médicas. A veces son simplemente un punto rojo, un pequeño hematoma o una mancha plana que parece inofensiva. Y cuando el tumor adopta ese aspecto de moretón, las personas suelen decir:
“Ah, eso fue que me golpeé con la mesa.”
“Eso seguro se quita solo.”
“Debe ser una venita rota.”
“Siempre me salen moretones así.”
Es esa falsa tranquilidad la que permite que el problema avance sin resistencia.
Con el paso de los días, esa mancha puede tornarse más oscura, elevarse, endurecerse o volverse más dolorosa. En ocasiones, incluso comienza a sangrar o a presentar costras. Todo esto indica que ya no estamos frente a un moretón, sino ante algo que claramente necesita atención médica inmediata.
¿Cuáles son las señales de alarma que distinguen un tumor de un simple machucón?
Aunque cada caso puede variar, hay características que prácticamente nunca fallan:
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No desaparece en una o dos semanas, como ocurre con los hematomas normales.
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Cambia de forma, color o tamaño de manera notoria.
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Presenta bordes irregulares o zonas más oscuras en el interior.
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Empieza a doler sin razón aparente, incluso si no hubo golpe previo.
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Se siente un bulto firme bajo la piel, como una bolita.
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Sangra, supura o forma costras, a pesar de no haberse lastimado.
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Se vuelve más brillante o adquiere un aspecto tenso, casi como si la piel se estirara.
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La zona alrededor se inflama o se calienta, algo poco común en un moretón común.
Si una mancha presenta una o varias de estas características, ya no estamos hablando de un simple golpe: es momento de ir al dermatólogo.