¿Por qué no están los botones de las camisas colocados en el mismo sitio?

¿Por qué la ropa de mujer se abre por la izquierda?

En las familias adineradas, vestirse era todo menos un asunto rápido. Los vestidos eran complejos, con varias capas y ajustados… y las damas no se vestían solas. Las ayudaban sirvientas, a menudo diestras.
Las modistas tenían un ingenioso truco: colocar los botones en el lado izquierdo. De esta manera, al estar frente a su ama, las sirvientas podían abrochar la prenda con rapidez y precisión. ¿
El resultado? Durante siglos, un vestido abotonado a la izquierda fue casi  una discreta señal: «Esta mujer puede permitirse ayuda para vestirse».

Los hombres y el ojal de la derecha

Para los hombres, el razonamiento era distinto. Muchos portaban armas, sobre todo espadas, que llevaban colgadas del hombro izquierdo para poder desenfundarlas con la derecha. El hecho de tener los botones a la derecha les permitía abrir o cerrar sus abrigos con la izquierda, manteniendo la mano que sostenía el arma libre y lista.
Otra diferencia notable: los hombres solían vestirse solos. Por lo tanto, la ropa se diseñaba para que fuera fácil de manejar para una persona diestra.

Un detalle de moda atemporal

Hoy en día, las espadas se  exhiben en museos  y las criadas ya no forman parte de la vida cotidiana. Cabría pensar que esta distinción habría desaparecido… ¡pero persiste!
Muchas marcas siguen respetando esta tradición, a veces por fidelidad histórica, a veces para diferenciar visualmente las secciones de hombre y mujer. Este detalle se ha convertido  tanto en patrimonio cultural como en una elección estética .

Boutonniere e identidad de estilo

Con el auge de la ropa unisex, esta regla se va desvaneciendo poco a poco. Pero para algunos amantes de la moda, el ojal sigue siendo un guiño a la historia y el simbolismo de la vestimenta.
Cada vez que te abotonas una camisa, perpetúas  un gesto que proviene de códigos y prácticas sociales que han desaparecido… pero que aún se perciben en nuestra vida cotidiana.

Así que, la próxima vez que te vistas, recuerda:  detrás de cada botón hay un pedacito de historia.